Bell Witch – Mirror Reaper (2017)

por Xabier Cortés

No se nos ocurre mejor forma que combatir el sol y el sofocante calor que se niegan a abandonarnos en estas fechas de octubre que dejarnos llevar en una deriva de negrvra, desesperanza y melancolía. Desde luego que esa melancolía ha servido de ariete para multitud de manifestaciones musicales de diferentes palos y ramas, pero deberíamos preguntarnos ¿por qué quedarnos en esa melancolía pop naive e inane cuando podemos enterrarnos vivos en la pura desesperanza y en ese profundo vacío existencial que nos propone el funeral doom? Sentir una fría mirada clavándose en nuestra columna vertebral mientras nuestros cuerpos se vacían de toda vida es algo a lo que poca gente se atreve a enfrentarse. Y eso es precisamente el doom. El buen doom, se entiende. Quizás porque el doom ha sido siempre la oveja negra del metal extremo; un género que frente a la velocidad y la rabia que impera en sus camaradas metálicos, busca ser más lento, más pesado, más denso y emotivo. Bell Witch es hoy por hoy uno de los mayores exponentes, cuando no el mayor, de un movimiento, el funeral doom, que en esta época de vidas estresadas, presentes espídicos y rutinas devoradoras de almas es más necesario de lo que nos gustaría pensar.

Mirror Reaper —el tercer lanzamiento de los de Seattle contempla el ciclo de la vida y nos los vomita con el sosiego y la calma de un funeral doom gigantesco. Tal cual. Sin necesidad de adornos innecesarios ni fuegos artificiales vacíos. Y para ello nos encierran en una sola canción de ochenta y tres minutos que, seguro, echará para atrás a aquellos abonados a la urgencia y lo directo, pero que otros encontramos ahí un espacio en el que experimentar vida, muerte, soledad y melancolía como solamente el funeral doom nos invita a conocer. Bell Witch tiene esa capacidad innata para rodearnos de imágenes grotescas, universos moribundos y conseguir que esa experiencia sea vista como algo positivo; una especie de catarsis a través de notas eternas, percusiones lentas y una voz salida del agujero más profundo de la tristeza humana.

Ya en su anterior y aclamadísimo —con razón— Four Phantoms o en su debut Longing de 2012 anticipaban que nos encontrábamos ante lo que seguro iba a ser uno de lo pilares de la escena doom y ha terminado de demostrarse en este Mirror Reaper que hoy nos ocupa. Un álbum que no habla de la vida y de la muerte por moda, por un teenage angst mal gestionado o por pura pose metalera; lo hace desde el luto por la muerte en 2016 de Adrian Guerra —uno de los dos fundadores de la banda—de forma trágica e inesperada y cuya voz —una pieza grabada anteriormente con Bell Witch y que nunca llegó a ver la luz— se incluye en estos ochenta y tres minutos y que sirve de eje sobre el que gira ese «espejo», ese reflejo, ese «As above, so below» hermético que homenajea este álbum. Un sentido recuerdo, genuino, sincero, único y absolutamente maravilloso a la persona que ayudó a convertir a Bell Witch en ese leviatán funeral doom que es hoy en día y que seguro seguirá creciendo en el futuro.

Mirror Reaper está destinado a ser uno de los lanzamientos musicales más relevantes de este año 2017. Porque la verdadera salud salud se esconde en el funeral doom y el elixir de la eterna juventud está a buen recaudo en Mirror Reaper. Y esto se sabe aquí y en último círculo del infierno.

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