Taxidermias Concretas Vol.25

por Xabier Cortés

Álvaro Arbonés

Baths – Obsidian (2013)

Baths es un artista sin matices. O se deja arrastrar por estructuras sólidas llena de detalles y huidas apasionantes o nos invita a la siesta con instrumentales hip-hop à la J Dilla con un exceso de énfasis en los delay y las texturas de capas múltiples tan propia de toda la electrónica heredera del hip-hop. Es decir, lo mismo, pero con menos gusto. Y si bien en Obsidian pesa más lo primero, lo segundo es lo que acaba haciéndose evidente en cada escucha: que aunque el americano esté a un paso de encontrar la piedra filosofal de su propio estilo, aún nos debe lo que ya aquí promete: su primera obra maestra.

Cold Cave – Full Cold Moon (2014)

Darkwave, post-punk, goticismo en general. Y retro. Porque tras los estertores del post-punk revival ni se concreta ni se diluye esa otra tendencia paralela: el regreso de lo gótico. Algo de lo cual Cold Cave es un buen ejemplo, pues con Full Cold Moon ni reinventa la rueda ni lo pretende. Es otro ejemplo más de cómo Christian Death pasados a 15bpm extra y una base electrónica heredera del synthpop no sólo suena nostálgico, sino también contemporáneo. Algo que, dado el lamentable estado del goticismo, tampoco es para quejarse.

Xabier Cortés

Harakiri From The Sky – III: Trauma (2016)

¿Es necesario hablar de otro grupo más que practica el noble arte del black metal con raíces en el post rock? Sí. Porque este III: Trauma sigue construyendo un camino interesantísimo hacia todavía no sabemos dónde, pero lo que sí es innegable es que entre toda esa vorágine de clones de Alcest y doppelgängers de Heretoir existen personas con un genuino interés por llevar la incipiente escena —ugh, ese palabro otra vez— hacia una posición de estabilidad que sabemos que se merece por muchos ataques que reciba por parte de ese sector de poderoso olor a rancio que se empeña en no escuchar nada que no se haya editado antes de 1989. Es por esto que Harakiri For The Sky es necesario y este álbum es un buen ejemplo de ello.

Dance With The Dead – The Shape (2016)

Uno de esos proyectos musicales enmarcados dentro del synthwave —con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva— que se empeña en explorar los límites de un movimiento que, lejos de quedarse en un simple ejercicio de nostalgia, empieza a encontrar su hueco dentro del amplio espectro electrónico con ese sonido añejo, guitarras épicas y guiños que ya podrían firmar gente como Daft Punk y compañía. The Shape de Dance With The Dead consigue hacernos menear el cuerpecito con una base densa, loops, distorsiones y mucho ochentas. Pero ochentas bien, eso siempre.

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