Celtic Frost – To Mega Therion (1985)

por Xabier Cortés

Partamos de la base de que un álbum de la magnitud y relevancia de To Mega Therion de Celtic Frost debería estar debidamente expuesto en el sótano de algún castillo centroeuropeo custodiado por toda una serie de trampas, seres demoniacos, llantos y sufrimiento y solo puesto a disposición de almas impías que buscan La Verdad oculta de vaya a saber usted qué oscura arte mágica. Treinta y dos años contemplan a una de las obras más significativas de lo que hoy conocemos como metal extremo y que por aquellos años empezaba a ver la no-luz, un álbum en el que sus canciones se cuentan por himnos incontestables y en cuyo sonido podemos encontrar buena parte de la razón de ser de muchos proyectos metálicos pasados, presentes y futuros. Y, por supuesto, cuando estamos hablando de un clásico con todas las de la ley solamente debemos callar, aprender y admirar todo cuando le rodea.

Un grupo que ayudó a asentar las bases de una escena metálica —de toda una escena metálica— que estaba en esos años ochenta peleándose por encontrar un hueco en la vorágine de la new wave of british heavy metal que cabalgaba sin piedad desde el Reino Unido y ese hair metal glamouroso y hortera —para bien, creemos— que venía de Estados Unidos. Desde Suiza con amor, oscuridad y unas ideas claras de su concepto de metal, así se presentaron Tommy G. Warrior y el malogrado Martin Eric Ain con este segundo trabajo, tras su anterior Morbid Tales editado justo un año antes. Un sonido brumoso y áspero proto black metal con mucho de ese thrash afilado y espídico que despuntaba en media escena underground mundial. Sonido brumoso, decíamos, pero cristalino; sin artificios ni trucos, el sonido de Celtic Frost es directo al mismo tiempo que resulta sofisticado por ese genuino espíritu ocultista y ese aura maléfica que rodea a sus trabajos como esa percusión y esas trompetas sonando a puro infierno en Necromantical Screams y que, suponemos, quedaron grabadas a fuego en la mente de cierto músico polaco que años después fundara Behemoth y saltara la banca de la cosa extrema. Pero esa es otra historia. Existía una atmósfera entre la provocación y la blasfemia en ese proto metal extremo, algo que veríamos años después en muchos grupos, no dejaba de ser un simple gesto vacío, pero que en ocasiones, como la que hoy nos ocupa, se trataba de algo genuino.

Un álbum imprescindible para entender no solamente la creciente escena black metal europea de esos ochenta que ahora se ven tan lejanos, sino para comprender qué era el metal en esos años. Incluso se ven hechuras doom en la cadencia de Dawn Of Meggido para ir poco a poco recuperando ese ritmo acelerado y, sobre todo, ese tono oscuro y tenebroso que heredarían cientos de bandas años después. Porque todo lo que suena en To Mega Therion lo hemos escuchado en muchas de las bandas encuadradas dentro del metal extremo, porque Celtic Frost fueron pioneros y nunca recibirán el suficiente crédito por haber ayudado a construir un movimiento musical-artístico-cultural de la trascendencia del black metal hoy en día. Ugh!

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