Process Of Guilt – Black Earth (2017)

por Xabier Cortés

El doom siempre ha sido considerado el hermano rarito de la familia metálica extrema. Allá donde se busca la velocidad y la agresividad, el doom se embarca en desarrollos lentos, pesados e intensos. Allá donde unos encierran violencia, el doom se embarca en un viaje con un marcado espíritu melancólico. Y es el doom, en sus infinitas manifestaciones, el que está sosteniendo en este 2017 buena parte del peso de la escena metálica extrema mundial gracias, entre otras cosas, a saber mantener un perfecto equilibrio entre el canon estricto del género y sus incursiones en otros géneros que, contra todo pronóstico (o no) se armonizan y son capaces de abrir las puertas de una escena que, de lo contrario, apestaría a cerrado. Process Of Guilt ha creado en este Black Earth un perfecto entramado de doom industrializado y áspero, en lo que algunos ya se han apresurado a denominar como post doom. Pero no nos engañemos, esto sigue siendo doom.

Un doom que mira hacia adelante y que se nos presenta con una pátina industrial que hará las delicias de aficionados a los sonidos ásperos e incisivos de Godflesh. Ritmos pesados y contundentes, cortantes, que se clavan en nuestro oído interno mientras las guitarras van transformando el aire en una especie de vapor negro irrespirable. Black Earth resulta ser un disco apático, complicado y abrupto en sus formas: existe ese marcado aire doom, pero éste se nos revela en detalles esparcidos aquí y allá a lo largo del álbum; esas guitarras sucias con costra, esa pegada primitiva crustie a más no poder. Toda esa atmósfera se suma a la tormenta doom que nos presentan estos portugueses que demuestran aquí gusto, obsesión y devoción por el fango y la mvgre. Porque el doom se despega de la melancolía pegajosa — en el buen sentido, por supuesto— para encontrarse con un sonido afilado, hiriente y cortante: un alambre de espino sonoro que se engancha en nuestro cuerpo y empieza a coleccionar trocitos de nuestra carne para alimentarse. Black Earth es un arma arrojadiza de doble efecto: el golpe inicial nos descubre a unos Process of Guilt que van más allá del doom «al uso», que exprimen la esencia pura para, a partir de ahí, construir un relato nuevo que expande el universo doom hacia derroteros más crudos y ariscos. El segundo, la masa negra que tomará el control de nuestros órganos, miembros y nos terminará ahogando en una orgía de mvgre y destrucción.

Decíamos que este 2017 está siendo un año maravilloso para el doom: Bell Witch, este mismo álbum que hoy nos ocupa, Loss, Spectral Voice, Drug honkey y alguno más que, seguro, nos dejamos en el tintero. A ver si va a ser cierto que al final los tiempos extremos en lugar de pedir música extrema lo que realmente están deseando es sumergirse en ese delicioso fango negro que es el doom. Ese doom que podemos masticar, ese doom del que es imposible escapar. Ese doom que nos invita a sumergir nuestra cabeza en un pozo de alquitrán.

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