Suffocate for Fuck Sake – In My Blood (2016)

por Álvaro Mortem

Matar aquello que la mayoría no sabe ni que existe es difícil. Esa es la fortuna del screamo. Como género minoritario dentro de lo minoritario, no tiene que temer la posibilidad de ser quemado: su nicho es tan particular y cerrado que su renovación a lo largo del tiempo está casi garantizada. Y aun así, sigue sorprendiéndonos cada vez que aparece un nuevo grupo del género.

A decir verdad, Suffocate for Fuck Sake no van a revolucionar nada. Siguiendo el estilo del screamo francés, con cambios melódicos imprevistos y poniendo énfasis en la combinación de preciosismo melódico con voz de doverman afónico, no hacen nada por sacudir los cimientos del género. Y, en ese no sacudir, es donde lleguen hasta lugares inesperados. Por inesperados, interesantes. Pues todo el mérito de Suffocate for Fuck Sake se da en saber saquear de dos espacios que, en principio, tampoco están tan alejados del screamo como para decir que su fusión resulte sorprendente. Bebe tanto del crust como del post-rock.

Del lado crust es fácil concluir algo. Con parecidos evidentes con la estructura melódica de Elil de Fall of Efrafa, algunas canciones del disco, especialmente Regrets, se antojan casi un rip-off con voces screamo de los británicos. Algo que ya de por sí los hace interesantes.

Pero no nos engañemos. Aquí la trampa reside en que, como ya hemos dicho, también tienen un distintivo sabor post-rock. Con segmentos donde la melodía queda en suspenso para que la base rítmica pueda enfatizar partes donde sólo escuchamos al cantante recitar la letra, esto nos remite tanto a Fall of Efrafa como a uno de los grupos que más les inspiraron: Godspeed You! Black Emperor. Influencia que debemos entender en contexto. A fin de cuentas, su post-rock, donde se mezcla lo atmósferico con lo no estrictamente musical, ha inspirado, durante muchos años, a toda la escena del hardcore. Por eso no debería extrañarnos que Carnage pueda recordarnos a los Mogwai de Hardcore Will Never Die y Mr. Beast y Sentence o Are You Happy With Your Life tenga herencias más que evidentes con Envy. Porque de hecho estamos dando vueltas en círculos. Estamos nombrando una y otra vez los mismos rasgos estilísticos, sólo que poniéndoles caras diferentes.

Todo eso hace que In My Blood resulte familiar. Imprescindible para los fans del screamo. Y que, incluso, pueda resultar seductor para los fans del post-rock.

A fin de cuentas, bebe de toda una familia de influencias que trascienden los géneros para ser el último hijo bastardo de una larga tradición de influencias cruzadas. Influencias siempre reconocidas por el lado del extremo, pero siempre negadas por el lado de lo críticamente sancionado. ¿Pero a quién vamos a culpar por eso? Es lógico que el fan medio del post-rock no quiera verse asociado con los salvajes del screamo. Incluso si Mogwai se lo escupen a la cara diciéndoles que ellos se morirán, pero no el género. O si la tradición está tan íntimamente hibridada que es imposible entender la evolución del post-rock sin tener en consideración ya no sólo el screamo, sino la historia del hardcore en su totalidad.

Porque aquí lo importante es seguir negando lo que nos hace sentir incómodos. Sólo abrazar la idea de lo que nos hemos hecho que es un género, incluso si, visto con perspectiva, es imposible separar que lo es screamo, crust y post-rock en cualquier grupo de los últimos quince años.

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