TOKiMONSTA – Lune Rouge (2017)

por Álvaro Mortem

A veces es más importante pelear hasta el final que conseguir ganar. Algo se aprende siempre. Y cuando no se aprende, una gran demostración de valentía y adaptabilidad siempre impresiona al tendido. Algo que no es diferente cuando hablamos de música. Pues, nos guste o no, en la música siempre hay algo de intuición ante el absoluto, de lucha contra lo desconocido, por lo que es más común tropezarse que acertar.

Y quien consigue levantarse y seguir adelante a pesar de todo tiene más posibilidades de salir triunfante.

Lune Rouge es un salto de fe con respecto de los anteriores trabajos de TOKiMONSTA. Más enfocado en lo que podríamos denominar un ámbito más cercano al pop, aunque aún con profundas raíces hip-hop tanto del lado americano como del nipón, el disco no duda en sumergirse entre las entretelas del mainstream más interesante. Es decir, aquí lo que predomina es el sonido definido, la melodía colorista y el allanamiento de cualquier forma particularmente indigesta.

Eso no significa que sea su peor disco. Más al contrario, es tanto su disco más sólido hasta la fecha como también en el que más manga ancha se ha dado para desviarse de lo que dicta la norma. Buen ejemplo de ello es la preciosa marcha instrumental que abre el disco, Lune, que se transforma rápidamente en otra canción, Rougue, sirviendo de base para componer un tema icónico situado en algún punto entre el hip-hop, el baroque pop y los éxitos de radiofórmula. Algo similar a lo que hace Rose’s Thorn, canción donde los samplers de la naturaleza son tan importantes como la propia construcción del ritmo y la melodía, demostrando que, en lo que a TOKiMONSTA se trata, para ella es tan importante el detalle, por nimio que pueda parecer, como la imagen general.

A fin de cuentas, incluso en sus momentos más flojos, cuando temas como Bibimbap o Early to Dawn no consiguen levantar el vuelo formándose como reflejos especulativos de un Nujabes contemporáneo y pop, el disco mantiene el tipo con gracia. Nunca cae en la degeneración de la melodía genérica.

De hecho, podríamos decir que la mayor virtud de Lune Rougue es no rendirse nunca. Regresar al campo de batalla, una y otra vez, incluso cuando las cosas no han salido del todo bien. De ahí que, incluso con su giro más mainstream, todavía resulta refrescante; porque no es un giro hacia lo que es comercial, sino hacia una línea de sonido más definido. Un camino que recorrer, aunque sea peligroso. Porque es probable que Lune Rougue no sea el mejor disco del año, pero pocos discos dan batalla hasta el final como lo hace el de TOKiMONSTA.

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