Abrimos caminos en el silencio. Lo mejor del 2017 según Studio Suicide

por Álvaro Mortem

A veces se olvida que la brevedad es una virtud. Por eso seremos breves. En el 2017 ha habido muchos discos excepcionales; ha sido un gran año para la música, incluso si no lo ha sido tanto para otras cosas. Por eso, en Studio Suicide, hemos elegido siete discos por cabeza para representar lo mejor del año. Nuestro particular Top 14, seguramente en nada similar a ningún otro top que haya ahí fuera. Pero así somos nosotros. Nos gusta la brevedad y vivir siempre contracorriente. Disfruten.

 

Lo mejor de 2017 según Studio Suicide

 

Álvaro Arbonés

Cornelius – Mellow Waves

Cornelius es el rey del pop experimental. Algo que ha venido a recordarnos con Mellow Waves. Todavía con su característica voz y pasión por la percusión seca, su estilo ha cambiado de rumbo de nuevo para adentrarse en el terreno de las melodías sencillas, en apariencia desnudas, casi minimal, que se van embrollando hasta convertirse en complejas estructuras ocultas a primera vista. Algo que es tanto puro Cornelius como un ejemplo de cómo debe ser el pop del siglo XXI.

 

 

Iglooghost – Neō Wax Bloom

Coja una coctelera y mezcle, a partes iguales, a Aphex Twin, los dibujos animados en flash de corte más experimental, las últimas tendencias en electrónica y una pasión enfermiza por el cambio de tono y ritmo. El resultado ni siquiera se acercará a lo distinto que es Iglooghost, uno de los pocos artistas jóvenes que de verdad suenan diferentes y personales. Como algo nuevo. Como algo que no es un refrito de los 80’s. Y por eso, damos gracias.

Kamasi Washington – Harmony of Difference

¿Qué haces tras un disco que se llama, muy apropiadamente, The Epic? Si eres Kamasi Washington, pegar un brusco y repentino volantazo. Partir de lo íntimo, cinco estados del alma, y hacer cinco canciones preciosas, cada cual con sus arreglos particulares, que si se juntan forman una sexta canción enorme, sutil y, ahora sí, épica llamada Verdad. Porque eso es la harmonía de la diferencia: la verdad. Algo que Washington ha demostrado con creces.

 

 

Kendrick Lamar – Damn.

Hay quien no se cansa de ser un genio. Aunque Damn. no es un disco redondo —la presencia de Rihanna parece más un trámite administrativo que una canción—, tiene tal consistencia y cantidad de momentos brillantes que cualquiera que lo eligiera como disco del año no se equivocaría. Porque Lamar está en otra liga. Esa donde compiten quienes tienen que poner hasta su última gota de sangre en cada uno de sus trabajos.

Kensuke Ushio – A Shape of Light

Si hubiera que definir la música de Kensuke Ushio tendríamos que acudir a un término artístico: modernista. Su música es modernista. Eso significa que se eleva hacia lugares inesperados, permite que la naturaleza interfiera en sus composiciones y no entiende la música como absoluto. Como un bien en sí mismo. La música debe contar historias. Y en sus manos, la banda sonora de A Silent Voice, A Shape of Light, es tan elocuente, sensible y virtuosa como lo es ya de por sí la propia película.

 

té – Kai

nunca han dejado de ser violentos. Pero en Kai, a diferencia de en sus anteriores trabajos, hay sitio para la modulación, los cambios de ritmo, la búsqueda de un tono específico. Eso significa que ya no son como una paliza en un calejón oscuro. Ahora no necesitan el callejón oscuro. Su paliza está calculada de tal modo que tú seas el que finges que no está ocurriendo nada allí, porque quieres más; porque cuando han acabado de curtirte el lomo, tú les exiges que vuelvan a coreografiar su perfecto math rock a hostia limpia. Y cuando lo hacen, eres feliz. ¿Cómo no ibas a serlo?

tricot – 3

Hay grupos que se pasan años buscando su sonido. No es el caso de tricot. Ellas saben cómo quieren sonar desde su primer disco. Algo que en 3 no han hecho sino llevar al extremo. Entre el hardcore punk, el math rock y unas pinceladas pop, en sus mejores momentos son capaces de hacer la canción de pop definitiva en menos de tres minutos y fingiendo que no hay un trabajo técnico brutal detrás. En los peores, son más de lo que soñamos que podríamos llegar a pedirle a un grupo de math rock.

 

 

Xabier Cortés

GOLD – Optimist

¿Cuántas veces se puede decir que Optimist de los holandeses GOLD es uno de los mejores —el mejor, si me preguntan a mí— disco que se ha podido escuchar en 2017? Nunca las suficientes. En progresión ascendente, con un poderío creativo fuera de toda duda, con canciones de calado profundo y poso que se mantiene ahí reverberando en nuestra cabecita. Porque no es solo ese encuentro entre el post punk, la melancólica voz de Milena Eva, las hechuras metal y la pizca noise rock que emana de las guitarras y el sonido en general; lo que consigue GOLD en Optimist es una colección perfecta de rock oscuro y contemporáneo con ls vista puesta en el futuro.

Algiers – The Underside Of Power

La continuación a un debut espectacular sigue elevando el particular sonido de Algiers hasta la estratosfera. Combativo, denso, decadente y abrasivo, The Underside Of Power explora esa bizarra fusión entre el soul, el post punk y el industrial para regalarnos canciones con ánimo de manifiesto. Himnos pensados para corearse mientras acabamos con el ultracapitalismo y luchamos mano con mano, hombro con hombro contra la opresión y el status quo. Porque no se me ocurre mejor homenaje a absolutos hitazos como Cry Of Martyrs, Cleveland, Walk Like A Panther o la canción que da título al disco que hacerlo mientras se desafía y torpedea los pilares de la sociedad occidental.

Bell Witch – Mirror Reaper

Como si ochenta y tres minutos de funeral doom condensados en una sola canción no fuera razón suficiente para destacar el disco del dúo Bell Witch como uno de los hechos más interesantes que han sucedido en la escena musical el pasado 2017. Pero encima se permiten el lujo de explorar en esos ochenta y tres minutos toda una maraña de estados melancólicos y profundamente oscuros. Porque Mirror Reaper parece ser, en esencia, un homenaje al fallecido Adrian Guerra: un álbum en el que Bell Witch se ha sumergido en una vorágine en la que la línea que separa la vida y la muerte se ha vuelto difusa y esto se refleja en cada segundo, en cada estrofa, en cada riff y en cada golpe de Mirror Reaper.

Oxbow – Thin Black Duke

Llevar casi treinta años lanzando álbumes —siete en total— a cada cual más excéntrico y maravilloso no parece frenar nunca a Oxbow para seguir haciendo lo que les da la gana en su particular visión de la música, el rock, el soul y lo que se tercie. Thin Black Duke engancha desde el primer segundo —os reto a no silbar después de escuchar Cold & Well-Lit Place— hasta completar su periplo en The Finished Lane. Resulta un disco tan completo que es imposible encontrarse con algún detalle que no esté perfectamente en sintonía con el resto. Y si a esto le añadimos la portentosa voz de Eugene S. Robinson que pelea en cada canción como si le fuera la vida en ello pues tenemos uno de los discos más relevantes del año.

Ex Eye – Ex Eye

Los cementerios —artísticos, ojo— están llenos de grupos que dicen practicar un metal experimental y avantgarde. Esto es un hecho. A partir del debut de Ex Eye deberíamos planternos seriamente a qué nos referimos con el avantgarde dentro del metal porque han llegado para hacer temblar los cánones t dejar su impronta ya desde el primer minuto de Xenolith: The Anvil. Su desquiciada y sublime fusión entre un muy free jazz, metal y giros postrock-drone en su disco debut consiguen que olvidemos a tantos otros proyectos que se escudaron en lo experimental para desbarrar completamente y perder la cabeza.

 

Foscor – Les Irreals Visions

Les Irreals Visions se nos presenta con la urgencia del viaje, con el anhelo de una exploración. Foscor continua en su honesta y sincera propuesta por explorar los límites de su creatividad y empujarlos un poco más allá para conseguir su sonido. Un sonido que en este álbum nos da la sensación de ser un fin y un punto de partida: Foscor alcanza aquí un sonido más emotivo y menos agresivo, pero que mantiene —e incluso incide— en su propia personalidad. A partir de aquí solamente quedará ver hacia dónde les (nos) llevará este sonido a medio camino entre el metal extremo, el prog y la experimentación.

Yellow Eyes – Immersion Trench Reverie

Un black metal hipnótico que se deja seducir por la disonancia al mismo tiempo que suena frío y oscuro. El último trabajo de los usamericanos Yellow Eyes retuerce el sonido de la banda hasta conseguir unas estructuras complejas —urgentes en ocasiones, disparadas en otras, pero todas con ese aliento frío de los bosques controlando lo hilos—. Black metal del siglo XXI con un pie en los grandes clásicos de los noventas, pero con la mirada puesta en el futuro. Con guiños que nos recordarán a los riffs categóricos de unos Satyricon circa Nemesis Divina, Immersion Trench Reverie es uno de esos discos que capta la esencia de esos trabajos, le añade su propia idiosincrasia y no se deja caer en un simple ejercicio de nostalgia metálica. Y si además son capaces de desarrollar canciones del nivel de Shrillness in the Heated Grass o Velvet on the Horns —con un toque a los Pyramid más desenfrenados— entonces nos encontramos ante uno de los trabajos más representativos de este 2017 en lo que a black metal se refiere.

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