GoGo Penguin – Man Made Object (2016)

por Álvaro Mortem

Ningún género ha tenido más influencia sobre la música del último siglo y medio que el jazz. Nacido de las mezclas de diferentes raíces, germinando en un país extranjero y extendido a través de bases militares y emigrantes por igual, el jazz puede jactarse de ser el género que, sin tener el apoyo comercial del pop, ha conseguido apropiarse para sí el hecho de seguir siendo vigente incluso cuando el rock ya parece más muerto que vivo. Y si lo ha conseguido es porque nunca ha abrazo el purismo: cada generación de jazzmen ha intentado llevar el género un paso más lejos. Darle una vuelta de tuerca para adaptarse a los tiempos.

GoGo Penguin no son una excepción.

En su tercer disco, primero en el mítico sello Blue Note Records, han seguido horadando el mismo campo experimental. ¿Qué significa eso? Que siguen introduciendo percusiones cercanas al techno y el breakbeat, hacen un especial énfasis en el bajo y todo tiene un cálido remanente melódico. Jazz, pero digerible. Como si un grupo de jóvenes que se pasaran el fin de semana en una rave durante semana se pusieran camisa sin corbata para tocar en elegantes clubs de medianoche.

Y si bien es cierto que es posible ver rasgos distintivos de la electrónica contemporánea, no es menos cierto que también tienen ciertos arreglos más cercanos al post-rock de 65daysofstatic —por ejemplo, en Smarra— y una influencia innegable de no pocos músicos japoneses de jazz (Hiromi Uehara, Mouse on the Keys) e incluso ciertos ecos similares al mítico Joe Hisaishi —especialmente obvio en la fabulosa Initiate—, cerrando así el círculo. No es que beban de la electrónica o se desmarquen del jazz, como parecen querer haber entendido no pocos críticos alérgicos al género, sino que beben del presente. Hacen como han hecho todos quienes les han precedido a lo largo de la historia: han conducido al jazz más allá de sus límites naturales.

Eso no quita para que, en ocasiones, puedan resultar poco arriesgados. Demasiado previsibles. Ni tienen el énfasis casi pop (sin abandonar la complejidad instrumental) de fox capture plan ni apuestan por las complejas texturas retro de Jaga Jazzist ni llegan al nivel de febril espontaneidad de Kamasi Washington. Tienen algo de todo eso, pero se quedan a medio camino de todos ellos. Se arrogan una timidez innecesaria, pues nunca se atreven a ir más allá; son los más ortodoxos entre los heterodoxos.

Los más accesibles.

Eso no es malo. Hace que sea más fácil entrar en su propuesta. También significa que, pasado el tiempo, sus trucos resulten menos frescos, quedando en unas composiciones sólidas, de melodías preciosistas, que no pueden negar sus ecos orientales. Lo cual es un buen comienzo, pero necesitamos algo más. Sólo algo realmente distintivo, que no se agote tras unas cuantas escuchas.

Si han conseguido encontrar ese algo en A Humdrum Star, su próximo disco que debe salir dentro de un mes exacto, cuando hablemos de GoGo Penguin empezaremos a hablar de una de las grandes esperanzas actuales del jazz. Y si no, seguiremos hablando de un estupendo grupo que crea canciones preciosas y accesibles incluso para los ajenos al género sin por ello alienar a los puristas, algo igual de difícil, si es que no más.

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