Power Trip – Nightmare Logic (2017)

por Xabier Cortés

Cuando una banda entierra sus manos en ese barro primigenio de tal o cual género tiende a flitrar y a quedarse con aquello que ellos consideran imprescindible para construir su propia identidad musical. Ocurre también que esa profundidad a la que se llega a la hora de filtrar las raíces, obviar los elementos superfluos y quedarse con la pura esencia se puede caer en un vacío e insípido ejercicio de nostalgia: repetir esquemas, copiar estructuras y, en definitiva, sucumbir a la pobre archivística en lugar de saber crear un relato propio. El thrash metal, al que la gran mayoría identificamos con ese sonido característico de los ochenta, con ese urgencia punk y esa agresividad propia de los derroteros más extremos de la cosa metálica, resulta ser vulnerable a estos ejercicios de nostalgia. Vulnerable a menos que te llames Power Trip y decidas traer la esencia del thrash ochentero con una dosis de la new wave of british heavy metal más que apreciable y abrazando sin pudor ciertos guiños punk.

Nightmare Logic se nos presenta como un genuino ejercicio de thrash metal con profunda raigambre en los ochenta sin sonar a nostalgia vacía: un álbum en el que encontramos —aparte del ya mencionado thrash à la Pleasure To Kill— melodías que nos acercan al sonido limpio de esa ola heavy británica que sentó cátedra durante algo más de una docena de años, pero también el carácter agresivo del punk desenfrenado e, incluso, el ritmo machacón y denso del tamiz industrial en ese ritmo desenfrenado de Firing Squad, por ejemplo. Nightmare Logic esconde en sus apenas treinta minutos —de ahí la urgencia y la agresividad de las composiciones— multitud de elementos que lo podrían llegar a convertir en un batiburiillo cacofónico, pero que este quinteto tejano estructura de tal forma que se mueve sin complejos —y con éxito— en los resbaladizos caminos del crossover. Porque el thrash vertebra el disco —basta escuchar la canción que da nombre al disco o Executioner’s Tax—, pero todos los demás sonidos ajenos, a priori, lo completan hasta convertirlo en un verdaderos cañonazo a las estructuras de la élite que gobierna el mundo en la (cada vez menos) sombra. Porque Nightmare Logic es un disco político —como todo arte, por mucho que algunos se nieguen a verlo o se apresuren a desmarcarse de cualquier movimiento bajo el mantra «nosotros solamente hacemos música»—, unas canciones que desde ese toque de humor negro y mórbido que ha explotado el thrash a lo largo de la historia, nos invitan a celebrar esa espiral de autodestrucción en la que se encuentra el mundo y porque, no nos engañemos, pocas formas mejores existen para celebrar el Fin Del Mundo como trallazos thrash machacones directos a la mandíbula.

Uno de los álbumes más interesantes del pasado año, el segundo disco de los usamericanos Power Trip los convierte en uno de esos proyectos que lejos de caer en la nostalgia, encuentra una forma de construir un diálogo contemporáneo siempre desde el particular prisma que le da su amor incondicional por los sonidos subversivos añejos (y actuales).

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