MGMT – Little Dark Age (2018)

por Álvaro Mortem

Entender el pasado pasa por deconstruirlo. De nada sirve que imitemos sus formas, que hagamos lo mismo que lo que fue popular en otro momento, si no entendemos por qué fue popular. Cómo se asociaban sus formas con las particularidades de su tiempo, convirtiéndolas así en relevantes. Lo cual significa que debemos ser consciente de dos cosas: de cómo era el pasado y de cómo es el presente. Porque si no entendemos cómo se relacionan esos dos tiempos, difícilmente acabaremos diciendo nada relevante. O que pueda ser popular.

MGMT han demostrado entender el presente a la perfección. Tras apoderarse de la escena indie en Oracular Spectacular, se arrojaron a un desquiciado intento de comprobar hasta donde podían forzar los límites de su sonido sin romperse. Eso llevó a que firmaran espectaculares ejercicios de estilo incomprendidos (Congratulations) cuando no directamente incomprensibles (MGMT), varando en un inesperado silencio de cinco años en los cuales apenas sí hemos sabido de varios retrasos consecutivos. ¿Y qué es, finalmente, Little Dark Age? ¿Un regreso a la cumbre juvenil, un retorno a lo brillantemente desquiciado o una continuación de lo inane? En realidad es las tres cosas y otra más: un (uy, casi) perfecto tomar pulso al estilo predominante de nuestra época.

Con un sonido más elegante, más comedido, es inevitable pensar en el Ti Amo de Phoenix mientras suena Little Dark Age. Con un énfasis especial particular en el pop, abrazando el synthpop más puro y con un estilo cuasi-francés que nos remite de forma constante a Daft Punk (especialmente en la homónima Little Dark Age), el disco resulta, en cualquier caso, familiar. Familiar porque no se sale de la ruta marcada por la escena post-Random Access Memories, pero también porque siguen sonando como imaginamos que deberían sonar MGMT. Y eso incluye su capacidad para llevar la excentricidad hasta límites insospechados.

Ya sea para sonar como una canción de créditos de una película juvenil de los 80’s (Me and Michael) o para recordarnos que los smarthphones son la mierda a ritmo de loop pop que nos remite a una versión más amable del Congratulations (TSLAMP), el disco tiene momentos que sólo pueden clasificarse como brillantes. Auténticos clásicos del grupo.

El problema es que no todo el disco está a la altura.

Si bien la canción que cierra el disco, Hand It Over, resulta brillante y la quintaesencia de MGMT sin acabar resultando en una turbulenta agresión mental, toda la recta final del disco resulta monótona y sin rumbo fijo. Una concatenación de lugares comunes y canciones sin lustre que apenas sí consiguen mantener el interés del oyente, haciendo de menos a un disco que, de haber sabido como gestionar mejor su contenido, o de haberse quedado en sus treinta minutos realmente brillantes, hubiera sido una obra maestra indiscutible.

Algo muy triste, considerando que MGMT han entendido la esencia de los ochenta mejor que Phoenix y casi tan bien como Daft Punk. Algo que muchos otros matarían por conseguir. Incluso si Little Dark Age no deja de ser un irónico alegato sobre lo siniestro que es vivir siempre en el pasado.

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