Satellite Young – Satellite Young (2017)

por Álvaro Mortem

Para toda una generación no existen fronteras temporales. El presente es indistinguible del pasado y las últimas novedades se mezclan con los grandes éxitos de la infancia de sus padres. Eso ha conseguido Youtube. Crear una hemeroteca universal donde un algoritmo es capaz de hacernos mover dando bandazos entre tiempos y culturas como si no hubiera distancia alguna entre ellas. Por eso, quienes no han entendido nada, hacen remakes de clásicos modernos o películas con la estética de Blade Runner. Quienes sí, hacen synthwave.

Satellite Young, en cualquier caso, son una rareza. Siendo japoneses, al mirar hacia la cultura de su propio país, no la tratan con la sutil extrañeza que se suele encontrar en los grupos del género. Para ellos las idol, el city pop y la sutil estridencia no es sólo su infancia. Es su pasado.

Algo que les hace tener algo que prácticamente la totalidad de los otros grupos carecen. Personalidad propia. Incluso discurso.

Si bien el comienzo de su primer disco, Satellite Young, derrocha energía, mucho más cerca de lo que está haciendo ahora Wednesday Campanella que de cualquier suizo que viera anime durante los noventa, es a partir de su tercera canción, Fake Memory, cuando se hace evidente cuáles son las pretensiones del grupo. De estribillo acaramelado, letra que sirve como diagnóstico millennial («Valores de un país en el cual no he estado y / un parfait de cafetería que nunca he comido / de algún modo recuerdo estas cosas / almacenadas en mi memoria») y un estilo que rememora lo mejor del pop de las idol japonesas de las ochenta, casi podemos sentir como si nos crecieran hombreras y un traje de dos piezas en un bellísimo rosa chicle.

Algo que se va recrudeciendo a lo largo del disco. Cuando llegamos a Sniper Rougue, una canción digna de Flashdance, o Break! Break! Tic! Tac!, la mezcla perfecta entre el city pop y un single olvidado de ABBA para la versión japonesa de San Junipero, nuestra sospecha queda más que confirmada. Aquí no hay mera nostalgia. En la música de los Satellite Young los ochenta, simplemente, nunca llegaron a extinguirse.

Por supuesto, existen excepciones. Geeky Boyfriend asume más abiertamente su influencia idol, Sanfransokyo Girl es una canción que firmarían para sí las Perfume y Don’t Graduate Senpai podría ser un opening descartado de Sailor Moon. Pero incluso esos devaneos fuera de lo puramente 80’s, de la influencia americana patente en todos los artistas synthwave, el modo de concretar esa estética ya no es ajaponesada o una mala imitación de los códigos japoneses de los 80 o los 90. Es, verdaderamente, una deconstrucción de los mismos. Su perfecta recomposición a partir de sus elementos nucleares.

Por supuesto, existen excepciones. Geeky Boyfriend asume más abiertamente su influencia idol, Sanfransokyo Girl es una canción que firmarían para sí las Perfume y Don’t Graduate Senpai bien podría ser un opening descartado para el anime de Sailor Moon.

La cuestión es que, incluso cuando se salen de la estricta fórmula de la influencia americana, el modo de concretar esa estética ya no es coger elementos random de series anime conocidas por todo el mundo e imitar los rasgos de artistas japoneses para nada desconocidos. Es todo lo contrario. Satellite Young cogen toda la estética de la época, desde lo marginal hasta lo popular, lo destilan, lo deconstruyen y sólo entonces, sabiendo cómo funcionaba y porqué, lo recomponen para sonar de un modo similar, pero sin adeudarle nada.

Por esa razón no puede decirse que el disco sea menos que excepcional. Absolutamente intachable. No por nada, ningún otro grupo de synthwave ha conseguido cristalizar con tanta gracia el sonido de una época, sino también una personalidad propia.

Satellite Young no caen en la trampa de la nostalgia. No miran al pasado con añorazanza de algo que no les pertenece. Miran al pasado como si fuera el presente: hacen música inspirada en los ochenta, en los noventa, en los dos mil, en anteayer y en pasado mañana. Para ellos no existe diferencia alguna entre el pasado y el futuro. Entre lo que se encuentran en el archivo y rebuscando en las estanterías de sus padres o lo que se encuentran en las modas efímeras de los barrios más distinguidos. Beben de todas partes y no se comprometen con nada en particular, salvo consigo mismos.

En ese no adeudarse con una época o un momento específico es donde encuentran su absoluta contemporaneidad. En no ser herederos de nada. Sólo coetáneos de todos. A fin de cuentas, ¿qué sentido tiene añorar algo del pasado cuando para ti es algo tan presente como el último hit de moda?

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