Carpenter Brut – Leather Teeth (2018)

por Xabier Cortés

Los que aseguraban un futuro efímero al synthwave, los que auguraban que iba a ser poco más que un boom puntual de gran estruendo, sí, pero poco poso se deben de estar retorciendo en sus tumbas comiendo sus palabras: el synthwave ha crecido y se ha convertido en algo que va más allá de la simple nostalgia. GosT, Nightcrawler, Perturbator, Satellite Young y Carpenter Brut (entre otros) representan esa punta de lanza de un género que desde esta santa casa defendíamos como algo más que una labor archivística para nostálgicos del cine de acción ochentero, hombreras, peinados imposibles y neón. Con una fórmula más abierta y cada uno de ellos explorando sonidos diferentes dentro de este universo, si algo nos tiene que quedar claro es que el synthwave es, pese a quien le pese, un movimiento que ha venido para quedarse. Leather Teeth, la última referencia de los franceses Carpenter Brut es un ejemplo perfecto de esa querencia por la exploración desde el retrowave hacia derroteros sonoros de diferente naturaleza, pero siempre manteniendo intacto ese genuino y sincero espíritu iluminado por metros y metros de neón.

Leather Teeth empieza como solamente un disco de syntwave puede empezar: con un hit del tamaño de una galaxia (y con una canción que se titula como el disco). Leather Teeth —la canción— es capaz ella solita de crear un universo propio en apenas cuatro minutos. Un universo que comienza frenético y sin hacer prisioneros; intenso y machacón, para terminar de rematarlo con otra de esas melodías synth que han convertido a Carpenter Brut en uno de los adalides de la escena. Tras el arrollador éxito de sus anteriores lanzamientos —no creo que sea necesario recordar su inclusión en la banda sonora de ese desquiciado y delirante Hotline Miami o ese absoluto hit de nombre Turbo Killer y su insuperable videoclip— en este Leather Teeth siguen explorando el synthwave desde su particular visión. Y esa visión en esta ocasión nos trae punteos de guitarra más ochenteros que yo qué sé y estructuras que lo acercan, agárrense, al power/heavy metal de cardado y (cierto) shred, no hay más que escuchar Sunday Lunch o Monday Hunt. Pero también nos regalan composiciones destinadas a convertirse en clásicos absolutos de la discografía de la banda como Inferno Galore, como si se tratara de un velado homenaje a ese Jean-Michel Jarre épico del Equinoxe,  archiconocido Oxygene e incluso del experimental Zoolook consiguiendo Carpenter Brut vertebrar un discurso coherente, excesivo y con ese puntito hortera —hortera bien, se entiende incluso con ese saxofón de Sunday Lunch— que a tantos nos vuelve locos. Por no hablar de esa obra maestra —clásico automático— que es su colaboración con Krystoffer Rygg (Ulver) en Cheerleader Effect y que de alguna manera entronca con el último EP de los noruegos para convertirlos en un todo indivisible y que nos sigue dando razones para poner un monumento al líder de Ulver.

Cuando ya no pueden contar con el factor sorpresa —el synthwave poco a poco se va a alejando de su carácter marginal— Carpenter Brut han sabido construir un relato que aun bebiendo de lo clásico han sabido reformularlo para conseguir hacerlo suyo sin que apenas se atisbe un mínimo de nostalgia vacía. Nostalgia hay, pero está perfectamente agazapada y solamente repunta en momentos puntuales en los que el propio discurso lo requiere para reforzar su concepto. Nostalgia sí, pero nostalgia bien.

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