Judas Priest – Firepower (2018)

por Xabier Cortés

Con casi cincuenta años de carrera a sus espaldas poco o nada queda por demostrar a una de las bandas de heavy metal más grandes de todos los tiempos. Una banda que cuenta en su haber con discos de la talla de Defenders Of The Faith, British Steel, Painkiller o Sad Wings Of Destiny y que dieron forma a una estética y a una forma de entender el heavy metal que aún hoy somos capaces de ver en innumerables bandas de cualquier género metálico. ¿Y qué tiene que aportar en este 2018 una banda que lleva medio siglo editando material, girando y componiendo himnos atemporales que definen a todo un género? Pues, mal que le pese a muchos, Judas Priest consigue en este Firepower demostrar que su forma de entender el heavy metal sigue vigente y que pocos —por no decir que nadie— son capaces de acercarse a su nivel. Firepower les devuelve a la gloria del Painkiller sin caer por ello en un refrito.

No es ningún secreto que tras la marcha de Rob Halford de la banda a principios de los noventa —tras la salida de Painkiller, uno de los mejores álbumes del quinteto británico— Judas Priest se encontró en una tesitura complicada: ¿cómo sustituir a alguien del carisma, presencia y habilidad técnica del bueno de Halford? El norteamericano Tim «Ripper» Owens fue el elegido para rellenar ese hueco en dos trabajos —Jugulator y Demolition— que si bien guardaban alguna que otra joya (Burn In Hell y One on One respectivamente) son trabajos que el paso de los años no ha tratado bien: predecibles, automáticos, sin chispa. Cuando en 2004 Halford anunció su vuelta a la banda, los cimientos del heavy metal —y del metal en general, claro— se tambalearon: la formación que había creado Painkiller volvía a reunirse para redefinir los preceptos del heavy una vez más. Sería mezquino no decir que los tres álbumes que siguieron al anuncio de la vuelta del Metal God no fueron todo lo brillantes que se esperaban —Painkiller puso el listón ¿demasiado? alto y la marcha de otro icono, el guitarrista K.K. Downing, tampoco ayudó—, pero seguían demostrando que eran capaces de crear trallazos heavy metal como solo unos pocos podían hacerlo. Aterrizamos así en 2018, llega Firepower y explota la banca. Firepower nos devuelve a esos Judas de riff afilado e incisivo, a un Rob Halfrod que es capaz de arañar registros increíbles a su voz (y a su edad) y Travis y Hill continúan siendo una de las bases rítmicas más precisas y contundentes del metal. Con himnos de la talla de Firepower o Lightining Strike (que abren el disco) y composiciones que sacan lo mejor de la banda como la maravillosa Spectre si hay algo que podemos decir de este disco —el decimoctavo de la banda— es que se sitúa a la altura de los auténticos tótems del grupo y nos trae a unos Judas Priest con fuerzas renovadas y un sonido que bebe de lo clásico, pero que no vive de las rentas.

Un álbum con el que nos resultará muy sencillo conectar: su estructura de heavy metal clásico es lo que todo aficionado a la causa metálica ha estado mamando toda la vida. Sí, incluso aquellos que tenemos al metal extremo como música de cabecera. Porque si algo es este Firepower —y Judas Priest en realidad— es honesto con su sonido y sus raíces. No hace falta innovar ni reinventar la rueda cuando has sido tú el que ha ayudado a dar forma a esa rueda original.

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