Taxidermias Concretas Vol.48

por Xabier Cortés

Álvaro Arbonés

Sokoninaru — METALIN (2017)

Heavy metal como el de antes ya no se va a hacer. Y menos mal. El porqué lo encontramos en grupos como Sokokinaru. Mezcla de heavy metal con j-pop y dejes à la 9MM Parabellum Bullet, su intensidad es puro heavy, pero su sonido está en las antípodas de lo que la vieja guardia sería capaz de aceptar. Una pena, porque METALIN consigue algo que los popes del metal llevan años sin conseguir: que el heavy metal no suene como una antigualla de otra época.

Napalm Death – Scum (1987)

Envejecer es inevitable, pero el arte debe estar por encima de la simple degradación física. Lo cual no es el caso de Napalm Death. Aun aceptando su influencia, Scum, treinta años después, suena blando. Fácil. Sin vida. Por supuesto, no es su culpa: decenas de imitadores, la sobrexplotación de la marca y la evolución tecnológica han jugado no sólo en contra del grupo, sino del grindcore en general. Y si bien aún nos quedan Nasum y Last Days of Humanity como faros musicales de la patada en la boca, el resto del grindcore, clásicos incluidos, suscitan la misma violencia que terror un cuento de Poe. Sólo la vaga sensación de que, tal vez en su época, de verdad inspiraban esas cosas.

Xabier Cortés

Dimmu Borgir – Eonian (2018)

Tras intentarlo con todas sus fuerzas y tras invertir casi ocho años en componer este nuevo Eonian podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que Dimmu Borgir ha completado satisfactoriamente su conversión a döppleganger de Therion. También es cierto que desde aquel ya lejano Puritanical Euphoric MIsanthropia, cualquier atisbo de esperanza para con los otrora jefazos del black sinfónico (con permiso de Emperor y +, claro) recuperaran los sonidos del Enthroned Darkness Triumphant. pero no. Eonian suena hueco, aburrido y, lo que es más grave) se pueden escuchar ramalazos de Emperor e incluso de Satyricon —Lightbringer, por ejemplo—, pero también de Epica y Nightwish. Que esto no sería necesariamente negativo, pero en este caso lo es porque no hay nada que nos haga pensar en Dimmu (nuevos o viejos). Solamente nos queda hacernos una pregunta: ¿cuándo llegará la colaboración con Simone Simons/Floor Jansen?

Grave Pleasures – Motherblood (2017)

Si algo consigue hacer Grave Pleasures —antes conocidos como Beastmilk— a la perfección es combinar riffs poderosos con un savoire faire pop que construye un sonido único, con referencia ochentera y fácilmente identificable. Tampoco es exagerado reconocer que mucho de ese sonido postpunk característico de estos fineses es la brillante voz de Kvohst que en este Motherblood sobresale por encima de la media. Porque desde el primer acorde de Infatuation Overkill hasta que Haunted Afterlife cierra el álbum, nos encontramos con canciones —pronto himnos— para corear hasta la afonía y bailarlos hasta romper la tarima porque aquí no hay un minuto para el descanso. Ni falta que hace. Larga vida a Grave Pleasures.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: