Nasum – Shift (2004)

por Álvaro Mortem

Ningún adjetivo puede ser la definición de arte. Lo bonito, lo feo, lo sublime y lo mono son sólo categorías estéticas que pueden aparecer o no en una obra, dependiendo de la intención y criterio del artista, pero que por sí mismas no definen lo que es artístico. Las rosas son bonitas y agradables, pero no son arte, el grindcore es feo y violento, pero sí es arte. Algo nos demostraron durante años grupos tan contundentes como Nasum.

Con una media de un minuto y cuarenta y tres segundos por canción y títulos como The Engine of Death, No Paradise for the Damned o Twinkle, Twinkle Little Scar, decir que Shift es la quintaesencia del grindcore no resulta problemático. No cuando auna los elementos básicos del mismo: brevedad, violencia, blastbeats y guturales. ero sería injusto quedarse ahí. Entre Cannibal Corpse o Last Days of Humanity y Nasum hay un aire de familia, pero también una diferencia abismal. La distancia existente entre asumir el mínimo común denominador del género y un genuino intento de encaminarse un paso más allá.

Algo que puede apreciarse tanto en lo político como en lo formal.

En el ámbito político siguen el camino abierto por los pioneros del género, como Napalm Death. Ya sea poniendo la vista en las fake news (Fight Terror with Terror), la superpoblación (Circle of Defeat) o los conflictos de clase (Pathetic), hacen gala del nihilismo clásico del género. Es decir, que por más notable que sea su adhesión a una izquierda nihilista, donde más destacan es en lo formal.

Con un gran énfasis en las melodías y el carácter netamente musical de las canciones, si el disco no ha envejecido como si lo han hecho otros clásicos del grindcore, es porque funciona también más allá de la agresión sonora. El blastbeat es bestial, la velocidad anormal y las letras abusivas, pero detrás de eso, en sus mejores momento, su estructura y sus arreglos están perfectamente pulidos. Canciones como Circle of Defeat, Closer to the End o Fury pueden disfrutarse en el plano primario del puro asalto sensorial propio del grindcore, pero también en el más sutil de la propia apreciación musical de melodías bien cuidadas en composiciones bien cuidadas que nos recuerdan, guardando las distancias, a los momentos menos técnicos de Death o Cryptopsy.

Ese atención puesta en que cada elemento funcione de forma independiente es lo que hace que Shift sea hoy un disco clásico de grindcore. Algo absolutamente asombroso. En vez de aceptar el mínimo común denominador decide abordar el género de modo holístico, intentando refinar su violencia en todos los aspectos posibles. Ya sea el sensorial, el musical o el literario.

Por eso es absurdo rebajar el disco a una pila de adjetivos. Violento. Oscuro. Virtuoso. Es todas esas apreciaciones estéticas, pero también algo más. Una obra de arte, desagradable e inaccesible para no iniciados, pero absolutamente fascinante para cualquiera con los redaños como para dejarse poseer por ella.

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