Archive for ‘Crítica’

septiembre 19, 2017

té – Kai (2017)

por Álvaro Mortem

Todos envejecemos. También la música. Pocas cosas hay más bochornosas que músicos que, bien entrados en la madurez, siguen sacando canciones en las que hablan de temas de los cuales, en el mejor de los casos, ya les correspondería hablar de ellos a sus hijos. Y no hay ninguna diferencia en términos puramente musicales. El sonido que no va adquiriendo otra forma con el tiempo, que va quitándose los lastres infantiles del puro epatar o imitar a sus mayores, es un sonido que se ha quedado estancado.

, por su parte, es un ejemplo de buen envejecer. Todavía horadando sus canciones a través de una técnica bien pulida, con canciones largas, sinuosas, de muchos meandros y arrebatos violentos, lo único que sorprende es cómo han ido templando los ánimos desde su mítico Therefore, The Illusion Of Density Breach, The Tottering World “Forget” Tomorrow. Porque sin arrebatos rabiosos como los de la enteramente math rock “Convulsive” Beauty In Sound Is The Horror Of The Body Beyond The Idea To Visit The Wild, donde la técnica brillaba por encima de cualquier desarrollo narrativo estricto, todo el disco se nos muestra sutil. Mágico. Y si no fuera un sacrilegio decir eso hablando de té, podríamos decir que rayano lo pop.

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septiembre 15, 2017

Myrkur – Mareridt (2017)

por Xabier Cortés

Si existe un denominador común en la escena metalera —me da igual qué ramificación, en toda ella— es el mantra que se repite sin cesar: la buena salud de la misma, el compadreo y el buen rollo general que existe. Es cierto que un cierto nivel de camaradería se asocia y lo percibimos como algo que nos completa —me incluyo ahí, las cartas sobre la mesa—. No pocas veces hemos saludado —aunque sea tímidamente— a un/a desconocido/a por la calle simplemente por el hecho de llevar una camiseta/parche/loquesea de nuestro grupo favorito. La sensación de hermandad que existe en conciertos y festivales es un hecho irrefutable, pero cabe hacernos una pregunta: ¿es esta hermandad verdaderamente sana?

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septiembre 12, 2017

The National – Sleep Well Beast (2017)

por Álvaro Mortem

Innovar es un demérito. No en términos artísticos, pero sí en términos comerciales: cuando alguien se declara fan de un género, un grupo o un artista, por lo general, quiere decir que le gusta el modo calmado e indulgente que tiene de ofrecerle siempre la misma clase de experiencia. Que incluso si afirma que lo que le gusta es lo sorprendente o diferente que es con respecto de los demás artistas, de lo que disfruta es de que nunca traicione sus expectativas. Que siempre le ofrezca la misma experiencia. De ahí que, a veces, innovación y público parezcan completamente divorciados. Incluso si existen un puñado de excepciones.

En cualquier caso, The National no es una de ellas.

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septiembre 8, 2017

Septicflesh – Codex Omega (2017)

por Xabier Cortés

Cuando tu carrera extiende sus tentáculos a lo largo de tres décadas poco o nada queda por decir; poco y menos por demostrar. Con interrupciones y altibajos, pero siempre aferrados a su particular idea de metal extremo, Septicflesh —antes Septic Flesh, para pesadilla de diseñadores/as e ilustradores/as— llevan desde principios de los años noventa construyendo su particular submundo de ocultismo, demonología y oscuridad sin que hoy, en pleno 2017, muestren signo alguno de cansancio. Antes de que la caterva, veterana en este caso, trve se dedique a verter su manido e innecesario discurso habitual sería prudente aclarar que aquellos que son —somos, los años no perdonan ni siquiera a los que aquí se nos permite jugar con las palabras y la música— veteranos en las lides metálicas más extremas no encontraremos en Septicflesh ninguna revolución, tampoco hallaremos la piedra Rosetta que aglutine todos los géneros extremos en una única y Verdadera® razón de ser. No, ni falta que hace.

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septiembre 6, 2017

VV.AA – A Tribute to ABBA (2001)

por Álvaro Mortem

Por todos es sabida la inconmensurable influencia de ABBA. Sin ellos ni la música pop ni los productores suecos serían los mismos, por lo cual nos hubiéramos perdido, a partes iguales, tanto el pop industrial americano desde los 90’s hasta hoy como buena parte del metal nórdico enfermo de intensitismo. Algo que, a ojos de mucho, sonará como una ucronia feliz.

Conscientes de la herencia recibida, en 2001 decidieron rendirles tributo en Nuclear Blast del único modo del que son capaces en Alemania: situándose en algún lugar entre el power metal y un heavy metal pocho con aspiraciones de hard rock de masas roncas por los estragos del whiskey barato. Con Therion como único referente fuerte, quienes hacen una versión digna, si bien descafeinada, de la efervescente Summer Night City, la platea de nombres que circulan por el disco resulta tan poco conocida como notables sus esfuerzos en intentar captar la esencia de ABBA. Pero su problema es que, por más que ABBA sean una referencia ineludible para cualquier grupo de metal nórdico, la mayoría de ellos sólo parecen capaces de abordar esa influencia desde el respeto que da la distancia de considerar lo referenciado una especie de abuelo querido, pero más bien chocho.

Debido a eso no es de extrañar que los grupos que hacen las versiones más interesantes sean aquellos que no temen apropiarse de las canciones. Con Metalium llevando Thank You For The Music al campo del hard rock y con Sargant Fury haciendo de Eagle lo que ya es de por sí, un proto-power metal desconcertante, el resto de grupos se conforman con hacer versiones apegadas lo más posible a la ortodoxia del sonido propio de ABBA. Algo que se sustenta en poco metal, pero mucho pop meloso tocado con dosis extra de malotismo. Algo que se volverá especialmente desconcertante cuando, para cerrar, Glow prescinden hasta del malotismo para hacer una versión de Dancing Queen digna de cualquier festival indie de provincias.

En cualquier caso, nada de eso hace de A Tribute to ABBA un mal disco. No cuando, como si de un disco de villancicos death metal se tratara, su pretensión tiene más que ver con el romanticismo propio de unos niños jugando a meterse amistosamente con ese pariente lejano del cual ni siquiera pueden concebir que están emparentados.

Y en ese sentido, el disco resulta entrañable. Pero si entrañable es un término que queremos asociar con cualquier grupo de metal es algo de lo cual todavía tenemos serias dudas.

septiembre 1, 2017

Der Weg Einer Freiheit – Finisterre (2017)

por Xabier Cortés

¿Cómo se las ingenia el black metal para encontrar siempre un camino por el que avanzar? ¿Cómo es capaz de mantener sus raíces intactas mientras despeja nuevos senderos por los que continuar desarrollando un sonido genuino? No es la primera vez que, en esta santa casa, defendemos el black metal como un auténtico ejercicio de vanguardia artística (aquí y aquí), lejos de resultar una simple colección de lugares comunes menearrabos para la caterva trve habitual, el black metal resulta un nicho (no pun intended) magnífico en el que cultivar sonidos oscuros y furiosos, pero también melódicos y atmosféricos. Porque nunca está de más revisar esos pilares que sostienen todo el entramado black metal desde su génesis en los ochenta —no vamos a entrar en el debate, vacío, de datar con exactitud el año de comienzo del black metal ni bandas pioneras, si primeras ni segundas olas— para construir nuevas mecánicas y nuevos giros dentro de un género, que aún siendo eminentemente vanguardia, en ocasiones lo percibimos como desaprovechado en pos de ese insufrible apego al trvismo inane. Claro que rápidamente recuperamos la fe cuando proyectos como el de los alemanes Der Weg Einer Freiheit —El Camino de la Libertad, toda una declaración de intenciones desde el mismo germen del grupo— irrumpen en la escena (ugh, ese palabro otra vez) con Finisterre.

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agosto 29, 2017

tilt-six – </TearDrop> (2014)

por Álvaro Mortem

Hasta el género más infecto tiene posibilidades creativas cuando se le buscan las cosquillas. Valga de ejemplo el EDM. Aunque base todo su encanto en el drop, las bases bailables y el saqueo indulgente de un grime que ni entiende ni busca entender, no es imposible concebir derivados interesantes de su fórmula. Ahí está Iglooghost. ¿Pero qué ocurriría si quisiéramos mantenernos dentro de cierta ortodoxia, digamos, estricta, y no perder el espíritu más pop por el camino? Entonces llegaríamos al trabajo de tilt-six.

</TearDrop> vive y muere para las pistas de baile. Con un gran énfasis en lo que podríamos denominar como un cruce profano entre el EDM y la ortodoxia del electropop nipón, lo que más sorprende es cómo su sonido cuadra igualmente bien en la idea de una sesión de electrónica pasada de rosca como en cualquier celebración pop con deferencia hacia lo no-occidental. Porque ahí radica la cuestión. Todo el peso del trabajo de tilt-six radica en Hatsune Miku. En cómo utiliza su voz, su distintivo pop no-exactamente-uniformado, para introducir en las rutinas de lo que podríamos considerar una canción clásica de Miku —algo catchy, bastante adorable y pegadiza en extremo— unas lógicas que, incluso más cerca del EDM, podríamos considerar como derivadas directamente de esa misma herencia inglesa que nos habría de retrotraer hasta esa gran familia conocida como jungle.

En cualquier caso, donde más se nota este reencuentro fortuito con el pasado no es en sus singles. Temas como Electrosaturator (エレクトロサチュレイタ) son pequeñas piezas de orfebrería del subidón de Monster a las tres de la mañana en un festival de espíritu insultantemente adolescente, pero donde mejor se aprecia el estilo de tilt-six es en canciones como Hikareru Satellite (ヒカレルサテライト). Pervirtiendo la estricta lógica del EDM, poniendo mayor énfasis en el estribillo que en el inevitable drop que aquí también encontramos en consecuencia, es precisamente en esa combinación profana de pop energético y cuestionable wobble bass donde se aprecia su genialidad: cada caída sólo sirve para impulsar con todavía más fuerza el regreso al estribillo y un cierre melódico, generalmente más próximo a lo que consideraríamos el canon trance impuesto por los Países Bajos post-Gouryella. Algo que se aprecia incluso en sus canciones en apariencia menos ortodoxas, como es el caso de Forget (わすれる), donde, tras el procedente drop, la canción se transforma en un elegante monstruo cuasi-rock conducido por bajo no-distorsionado y percusión seca que, por su absoluta anormalidad, hace que la canción resulte particularmente fulgurante.

Tilt-six es un ejemplo práctico de cómo otro EDM es posible. Que más allá de drops genéricos, wobble bass de tercera regional y un desprecio hacia la música analógica que no viene acompañada de la maestría en la elección de materiales o la manipulación de los mismos, es posible hacer algo bueno incluso en géneros que parecen nacidos del puro desprecio hacia todo lo que les precedió. Si es que no también a quienes estuvieron antes definiendo la posibilidad de su sonido.

Y es que, si ese otro EDM pasa por Hatsune Miku, por las influencias rock o por aceptar de una vez la influencia debida a otra época, es otro debate. Pero que </TearDrop> es interesante sin por ello abandonar sus aspiraciones de masas es algo incontestable.

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agosto 25, 2017

GOLD – Optimist (2017)

por Xabier Cortés

Utilizar la música como instrumento con el que hacer brotar el miedo y el desasosiego para convertir ese nihilismo en un hilo de esperanza. Yendo más allá de la simple destrucción para enfatizar todo un discurso en la necesidad de construir algo nuevo a partir de las experiencias —negativas o no— vividas. Porque de eso se trata cuando hablamos de la música como un artefacto artístico. Uno escribe a través de sus experiencias: se identifican, se diseccionan para su posterior estudio en profundidad y, finalmente, se resuelven con la firme intención de avanzar. Para ello se construye un relato más o menos sutil, más o menos evidente, en el que se crea esa estructura que sostiene toda esa colección de experiencias y las pone a nuestra disposición. Es por ello que no se concibe este hecho artístico como un producto fabricado en serie; no hay estándares a los que aferrarse, ni siquiera existen manuales de procedimiento para tejer toda esa maraña de sonidos, a menos que estemos abonados a esa música que poco o nada tiene de artístico y mucho de marketing salvaje, en cuyo caso sí existen sesudos análisis de cómo proceder para el enésimo (y efímero) pelotazo.

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agosto 22, 2017

Iglooghost – Chinese Nü Yr (2015)

por Álvaro Mortem

Existe algo indefinible dentro del verdadero arte. Más allá del baile, la estructura o la belleza, cualquier forma musical que aspire a ser considerada realmente artística debe ser capaz de transmitir conceptos muy concretos, ya sea en forma de estados de ánimo, imágenes o pensamientos. Incluso si parecen, en primera instancia, extraños o arbitrarios. Porque la música, al ser el arte último de la abstracción, su obligación, y su triunfo, es conseguir hacernos transitar por paisajes mentales que trasciendan su mera abstracción. Su logro último es ser concreto sin dejar de ser informe.

En ese sentido, Chinese Nü Year nos remite hacia una estética elemental. No simple, sino extra-formal. Fuera de las estructuras que consideramos naturales. Nos remite hacia colores pastel, formas suaves, sonrisas amables que esconden algo extraño. Perturbador. Esa rareza propia de lo kawaii. De la belleza infantil, redondeada, deforme; de todo aquello que parece hecho sólo a medias; un trasunto de trabajo divino en el cual al creador se le hubiera olvidado qué son las proporciones cuando estaba aún a mitad de su trabajo.

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agosto 18, 2017

King Dude – In The Eyes of The Lord / Why Must I Go On (2017)

por Xabier Cortés

Resulta inevitable para las personas dedicadas a la música esconder sus referencias, sus fuentes de inspiración y ese espejo en el que se mira y se reconoce como artista. Que esas referencias sean más o menos explícitas en la obra de uno no obedece más que al propósito de la obra en sí: no es lo mismo rendir homenaje que mostrar respeto ni que, por supuesto, expoliar salvajemente una obra o a un artista para construir un grotesco dopplegänger sin el brillo y el esplendor del original. Ocurre a veces, muy de vez en cuando, que aun siendo esa referencia/homenaje tan explícita en una obra, ésta resulta igualmente interesante y carismática-a-su-manera.

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