Posts tagged ‘Electronica’

agosto 22, 2017

Iglooghost – Chinese Nü Yr (2015)

por Álvaro Mortem

Existe algo indefinible dentro del verdadero arte. Más allá del baile, la estructura o la belleza, cualquier forma musical que aspire a ser considerada realmente artística debe ser capaz de transmitir conceptos muy concretos, ya sea en forma de estados de ánimo, imágenes o pensamientos. Incluso si parecen, en primera instancia, extraños o arbitrarios. Porque la música, al ser el arte último de la abstracción, su obligación, y su triunfo, es conseguir hacernos transitar por paisajes mentales que trasciendan su mera abstracción. Su logro último es ser concreto sin dejar de ser informe.

En ese sentido, Chinese Nü Year nos remite hacia una estética elemental. No simple, sino extra-formal. Fuera de las estructuras que consideramos naturales. Nos remite hacia colores pastel, formas suaves, sonrisas amables que esconden algo extraño. Perturbador. Esa rareza propia de lo kawaii. De la belleza infantil, redondeada, deforme; de todo aquello que parece hecho sólo a medias; un trasunto de trabajo divino en el cual al creador se le hubiera olvidado qué son las proporciones cuando estaba aún a mitad de su trabajo.

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julio 15, 2017

Taxidermias Concretas Vol.11

por Álvaro Mortem

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julio 1, 2017

Taxidermias Concretas Vol.9

por Álvaro Mortem

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junio 28, 2017

Dj Shadow – The Private Press (2002)

por Álvaro Mortem

Ciertos discos sólo se pueden comprender con perspectiva. Cuando se ve cómo han marcado el paso del tiempo, cómo dejaron atrás su época adelantándose a un futuro incierto, es entonces cuando se puede afirmar su verdadero alcance. A fin de cuentas, todo lo demás es especulación. El éxito o el fracaso de un disco es circunstancial. Y su capacidad para seguir siendo relevante diez o quince años después algo que sólo el paso del tiempo puede atestiguar.

A pesar de que The Private Press fue un terremoto en su momento, la crítica cultural no ha celebrado su reciente quince cumpleaños. Y no es de extrañar. Sigue siendo hoy un disco tan extraño como en 2002.

Devolviendo el sampler al uso vanguardista, saqueando de todos los contenidos sonoros creados por el hombre, Dj Shadow crea en este disco una narrativa articulada a través del propio proceso de su montaje. En otras palabras, su discurso no es lo que dice con palabras, sino lo que dice con sonidos. Por cómo los manipula, los pone orden y nos hace valorarlos como un todo completamente desfigurado y recompuesto. No como piezas sueltas, sino como un todo coherente en su conjunto.

Por eso es tan problemático el disco. Es imposible hablar de él canción a canción. Del mismo modo que cada una de sus composiciones se comprende sólo como la suma de sus samplers, ya que cada cada uno de ellos por separados o bien no tienen valor musical o bien parecen no ir en consonancia con el estilo musical del californiano, The Private Press sólo se comprende cuando lo valoramos en conjunto.

No como si fuera una consecución de estampas, sino como si fuera un enorme cuadro en movimiento.

A partir de ese momento es cuando comprendemos su valor. Qué ha aportado al mundo. Cuando nos dejamos empapar por la música, viendo cómo manipula todo para crear pasajes, desvíos e historias, cómo deja que el paisaje hable entre canción y canción, incluso, para rematar el chiste, cómo quiebra en dos algo que podría ser la misma canción, pero en su espejamiento convierte a la composición en un asalto estético a mano armada —Mongrel/ y …Meets His Maker—, entendemos la razón por la cual no se ha celebrado su aniversario. Porque es imposible. Es una obra de arte viva, monstruosa e imposible de aprehender de un artista aún en constante evolución.

Sería como celebrar el aniversario de una agresión. Una particularmente incómoda, con botellas rotas, sangre por todas partes y algunos otros fluidos de los cuales es mejor no hablar demasiado.

Más por decoro que por el hecho de que pueda importunar a nadie.

Pero incluso si queremos hablar de lo estrictamente musical, todo queda igualmente agresivo. Oscilando entre un estilo más heredero del reggae y los sonidos caribeños en general que del hip-hop más ortodoxo, cuando no nos está pidiendo que nos pongamos a dar saltos de un lado a otro de la pista Dj Shadow está componiendo baladas clásicas o composiciones rayano el pop, aunque siempre con esa patina irreverente, personal y absolutamente inimitable.

Por eso nadie lo ha reivindicado quince años después. The Private Press no conecta con ningún otro trabajo posterior. No de forma evidente. Para explicar su genialidad a través del tiempo habría que demostrar que fue uno de los puntos de inflexión del hip-hop instrumental: el momento en que dejó de ser algo aferrado a la lógica necesaria del cantante para pasar a ser un objeto valioso por sí mismo. Un ejercicio de vanguardia. Todo ello sin dejar de ser, en ningún momento, accesible para cualquiera que haga el esfuerzo de acercarse hasta él.

No hay noticia en «cumple quince años un disco que ha ayudado a erosionar los límites entre el pop y la vanguardia». No hay reivindicación posible en «cumple quince años un disco que manda a tomar por culo al crítico medio y su incapacidad para hilar dos pensamientos propios al escuchar un disco». No la hay. No puede haberla.

Pero Dj Shadow es tan importante hoy como hace quince años. Y eso nos dice el paso del tiempo. Que The Private Press, tanto hoy como ayer, es una obra maestra indiscutible.

mayo 19, 2017

Anathema – The Optimist (2017)

por Xabier Cortés

Cuando te has convertido en uno de los pilares (uno de los tres concretamente) que sostienen los fundamentes del doom death con tintes góticos. Cuando has conseguido avanzar y seguir explorando hasta convertir tu sonido en un elegante rock progresivo/atmosférico a caballo entre lo épico y lo intimista. Cuando ya has alcanzado todo eso, decides seguir hacia adelante y continuar explorando los límites de tu sonido para comprobar hasta dónde eres capaz de expandir tus propios límites. Que Anathema es uno de los proyectos más significativos de las últimas dos décadas es una afirmación con la que nadie en su sano juicio puede estar en contra, salvo la caterva metalera habitual, pero ya sabemos en qué se basan sus sesudos argumentos así que lo mejor será hacer lo de siempre: ignorarles y dejarles envueltos en su metalerada machuna hasta que mueran ahogados en su propia bilis.

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junio 7, 2016

Nosaj Thing – Fated (2015)

por Álvaro Mortem

Nosaj Thing - Fated (2015)Todos podemos reconocer la elegancia. A diferencia de la belleza o la fealdad, que dependen de los ojos del que mira, en la elegancia existe cierta dosis de objetividad. Sabemos cuando algo es elegante de forma instintiva. Eso no es casual. La elegancia, a diferencia de la belleza, no es algo que se posee, sino algo que se viste. Es un refinamiento, un saber estar, que implica un saber deshacerse de todos aquellos elementos que lastran nuestra forma de ser. Todo aquello que distraen la mirada de lo importante.

Elegante es, en suma, aquel que sabe mostrarse a la luz más favorecedora posible.

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octubre 13, 2015

Oh, Yoko ‎– I Love You… (2013)

por Álvaro Mortem

Oh, Yoko ‎– I Love You... (2013)Cada vez sentimos menos respeto por la infancia, la fantasía, el amor incondicionado por las cosas que nos rodean. Sumergidos en mitad de una lógica economicista, hemos pasado a valorar todos los aspectos de nuestra vida desde el punto de vista del rendimiento, de la utilidad, dejando en segundo plano cualquier forma de vida que no implique un beneficio tangible inmediato; todo lo que implique sólo diversión o gasto improductivo se considera infantil, tonto o ridículo, reduciendo así todo aquello lo que no sea férrea maquinación mercantil al papel de algo secundario e indeseable. Sólo la griseidad genera respeto. Como si de repente «infantil» o «fantástico» se hubieran convertido en conceptos indeseables.

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octubre 6, 2015

Radiohead – Kid A (2000)

por Álvaro Mortem

Radiohead - Kid A (2000)En el arte todo queda entre ladrones. Se roba de sitios conocidos, de lugares inesperados o de fuentes olvidadas, pero siempre se roba; no existe ningún artista que haya creado su obra desde la nada, sin inspirarse o tomar prestados temas o técnicas de algún otro anterior, porque incluso si existiera quien lo ha hecho no seríamos capaces de reconocerlo: ninguna persona es una isla, e incluso si la hubiera nosotros creeríamos ver la mano de otros en su obra. Incluso aunque lo pretendiéramos, no podríamos despojarnos de nuestras influencias. Esa es la magia del arte, su verdad ineludible: que nos recuerda que estamos conectados, que, de algún modo, todas nuestras acciones tienen un correlato en algún otro.

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agosto 10, 2015

Susumu Yokota – Symbol (2005)

por Álvaro Mortem

Susumu Yokota - Symbol (2005)El arte se ha sustentado siempre sobre el robo, sobre la apropiación de lo ajeno. Aunque la música ha convertido esa tendencia en una técnica elemental de composición, el sampleado, a lo largo de toda la historia del arte es natural encontrar cómo los artistas se apropiaban de elementos, estéticos o narrativos, de obras anteriores como material base a partir del cual trabajar sus propios conceptos. No existen obras enteramente originales. Todas beben de aquí y de allá, por más que el tiempo o nuestro desconocimiento acaben por sepultar los guiños, las referencias, los robos; no ha pisado jamás la tierra un artista que no deje a deber algo a algún otro artista anterior.

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abril 1, 2015

65daysofstatic – We Were Exploding Anyway (2010)

por Álvaro Mortem

65daysofstatic - We Were Exploding Anyway (2010)La música, en tanto realidad endógena de un mundo habitado por entidades animadas, tiene cierta querencia por la explosión, el estallido, la espontaneidad; su representación súbita en el mundo, la violencia como acto musical puro, es parte indisoluble de sí misma. No es posible construir un escenario sin sonido. Por eso estamos expuestos de forma constante al ruido, pero también a la música o cualquier otra forma organizada de sonidos: incluso aunque no queramos, nuestra capacidad de percibir el mundo varía según las intrusiones que quiera hacer el sonido en cada momento. No existe invitación posible para la música, sólo la posibilidad de vernos arrollados por ella.

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