Posts tagged ‘Marlon Dean Clift’

agosto 17, 2015

Marlon Dean Clift – Spleen III (2015)

por Álvaro Mortem

Marlon Dean Clift - Spleen III (2015)No existe ser humano que carezca de una obsesión cardinal en su corazón. No importa que clase de idea sea, si es algo general y abstracto —el amor, la muerte, la belleza— o algo particular y concreto —la persona amada, la fertilidad, el mal como poética—, pero siempre se verá representada como eje principal de su obra artística. En eso es en lo que se diferencian todos los artistas: tanto en el concepto de su obsesión como en su capacidad de trabajarlo de formas distintas. Hay quienes sólo saben repetir la misma idea de forma constante, sin variaciones de ninguna clase, mientras otros encuentran diferentes formas de darle vida sin ahogarla, sin convertirla en otra obsesión ni vaciarla de significado por pura repetición. Es esa segunda clase de artistas los más interesantes, los que exploran más profundo en el mundo.

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abril 29, 2014

Marlon Dean Clift – Between The Devil And The Deep Blue Sea (2014)

por Xabier Cortés

a3030216940_10El acercamiento que muchas veces, demasiadas, hace la música hacia el Amor resulta irritante: se pierden en mensajes pueriles y proclaman lemas vacíos paridos en serie en alguna siniestra factoría. Se repiten esquemas, recuperan frases cliché y lo cubren todo con unas estructuras musicales de nulo calado y recuerdo fugaz con el único objetivo de epatar con el público para engordar egos y cartera. Un público, por otra parte, que es incapaz de demostrar su Amor —tanto de un lado como del otro— y necesita que otra gran factoría fabrique frases ñoñas con las que impostar una vez al año el recuerdo de lo que ellos (mal)entienden por amor. Unos receptores culpables de este crimen también, incapaces de construir una visión crítica hacia esos estímulos vacíos, dejándose llevar por la masa amorfa de la que será ya imposible escapar. El Amor —y el desamor, por supuesto— merecen dentro del Arte, y de la música en este caso concreto, un tratamiento sincero y desnudo; necesita ser representado sin máscaras, sin edulcorantes artificiales que enmascaran la víscera ni nos engañen a lo largo  del terreno escarpado que es una relación romántica. Sin máscaras ni edulcorantes se presenta Between The Devil And The Blue Sea, de Marlon Dean Clift: un relato descarnado y visceral sobre el amor, el desamor y su hipnótico y demencial laberinto.

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diciembre 12, 2013

Marlon Dean Clift – Spleen II (2013)

por Xabier Cortés

Marlon Dean Clift_spleenIISe da un hecho curioso —y molesto, por qué no admitirlo— entre los reseñistas, críticos y demás fauna que pululamos alrededor de los artistas y que intentamos, a veces sin conseguirlo, poner en palabras aquello que el grupo/banda/proyecto musical/artista ha querido plasmar en su obra: nos obcecamos irremediablemente en identificar y señalar con el dedo —cuando no con llamativas señales de neón— las influencias y referencias musicales de tal o cual proyecto, de tal o cual disco. ¿Dónde está el problema? os preguntaréis, a priori se nos presenta esta relación con los referentes sonoros como una condición sine qua non a la hora de tejer una reflexión sobre un álbum. Ocurre que muchas veces —(casi) todas, en realidad— obviamos, bien por desconocimiento o por miedo, que la principal influencia supramusical que estructura toda muestra de arte, ya sea musical o no va mucho más allá. Este referente no es otro que La Vida. La vida, la experiencia vivida, el devenir vital, llamadlo como queráis pero hay un hecho innegable; esta experiencia vital personal e intransferible es la responsable principal y primigenia de todo acto artístico. Sin vida no hay arte y esto es algo que Marlon Dean Clift deja muy claro en Spleen II.

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febrero 18, 2013

Marlon Dean Clift – Spleen (2012)

por Álvaro Mortem

Marlon Dean Clift - Spleen (2012)La música, como el mundo, se percibe con todo el cuerpo encarnado. Aunque la lógica inmediata nos diría que en realidad sólo hacen falta un par de oídos y un cerebro que procesen el fenómeno del sonido para apreciar una canción, la verdad es que si no involucramos la totalidad de nuestro cuerpo, si no permitimos que la música fluya libre por él, estamos sólo atendiendo a una experiencia superficial del éxtasis artístico; la música se vive encarnándola, haciéndose uno con ella, asumiendo su posición de forma radical. Dejarse inundar sutilmente por ellos, dejar que nos acaricien y susurren, que se acurruquen a nuestro lado como una intimidad conocida: esa es la responsabilidad que uno debe aceptar ante el arte, ante la música, ante el mundo. Cualquier otra disposición está tan cerca de la traición que, en términos absolutos, resulta indistinguible de ella.

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